Hace muchos días que no te cuento nada y no es porque no haya alguna que otra noticia de tu nieta. Mira, cariño, es que hemos tenido una semana, algo más de una semana, que no veas que apuros hemos pasado. Y todo por cosas normales y de lo más habitual en los niños. De ahí que haya sido un SEMANÓN como has visto en el título de esta parrafada. Tu nieta se ha fabricado una de esas infecciones por virus y su garganta estaba como un campo de minas por todas partes, y el termómetro parecía un ascensor parado por avería en lo más alto del edificio. Y el caso es que no había manera de bajarlo y regularlo como es debido, y tu nieta sin querer entrar a las buenas a nada de lo que le proponías y con unas lloreras que a mi me partían el corazón, pero qué voy a hacer si es mi juguete y si se estropea me quedo aún más solo. El otro día optamos por llevarla al Hospital Niño Jesús donde está el marido de Elena y fue muy contenta porque iba a ver al Niño Jesús. Quise prevenirla de lo que se iba a encontrar y cuando me preguntó dónde estaba el Niño Jesús le dije que estaba perdido por El Retiro. ¿Sabes qué me contestó?
- Yo enquento al Niño Jesús.
Te puedes imaginar la que se armó cuando llegamos al hospital y empezó a preguntar por el Niño Jesús. Y luego los lloros, las lamentaciones y todo eso de siempre, que no había consuelo para ella. Cómo sería que el pediatra le regaló la espátula nueva, sin usar, pues tanto gritaba y tanto abría la boca que solo necesitó alumbrar con su linterna para ver el daño. Y luego como siempre, que si un virus, que nada de nada, que está muy bien, que coma lo que quiera, que beba mucho líquido, etc., etc., y etcétera. Lo peor es que el dichoso virus, sí, dichoso él porque encontró a mi pequeñina, pues se trajo a un amigo de esos gorrones y la alergia se apoderó de su carita y de su cuerpecito, y parecía toda ella un jarrón moteado de topos de un delicado color rosa. A su madre no le dejaba hacer nada de nada y solo quería estar en sus brazos, pues no puede verla trabajar en el ordenador. El otro día llegó de la calle con su papito y éste le indicó:
- Dile ahora a mamá lo que me dijiste antes a mi.
- Mamita, no quero que tabajes más.
Es que está tan enmadrada que solamente quiere que esté con ella todo el día, que juegue con ella y que atienda todos sus deseos, que te puedes imaginar que son muchos. Es una pequeña tirana como suelen serlo todos los niños en esas edades. Afortunadamente ha ido pasando todo y el virus parece que por el momento se ha retirado a sus cuarteles a esperar una próxima ocasión, que deseamos tarde mucho en llegar, y mejor que no llegue nunca. Ya ha recobrado la alegría y está normalizando su conducta día a día. Pero la foto que encabeza esta aventura tiene su explicación. Lloró, gritó. se desesperó y se tiró al suelo hipando desconsoladamente en una postura como la de los rezos del ramadán islámico. Sufrí lo indecible hasta que pude conseguir que viniera a mis brazos y pude calmarla con mil y una tonterías que se me ocurrieron, y luego le pregunté:
- ¿Quieres el chupetín?
- Sí.
- Dame mi muñequita,
Se la di y la senté a mi lado frente al televisor a ver los dibujos de los niños. Se pegó a mi fuertemente y se durmió feliz durante más de una hora. Con mi mano derecha empuñé la cámara y me hice esa autofoto con ella, soñando con su felicidad. No cambio esa hora con ella en mis brazos dormida por nada del mundo, porque sentí el máximo gozo que creo se puede alcanzar, algo que me falta desde que tu te fuiste. No es muy buena que digamos la foto, pero es de mi niña y sentiré mientras viva el calor de su cuerpecito dormido y los latidos de su corazón y los suspiros que rítmicamente exhalaba su almita dolorida. Se recupera bien. Hoy terminó de comer y dijo:
- El chupetín y muñequita y a la cama.
No me extraña. Después de los 40º de fiebre, y esos sí que eran 40 principales, y de esa vitalidad que le impide parar un instante tan sólo, tiene que estar rendida, y menos mal que duerme bien y por tanto descansa. Acabo de venir de Liérganes y también acuso ya mucho el cansancio, así que cuídala un poco por mi, es que te echo tanto de menos... Besos, todos los de mi vida.
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