jueves 14 de julio de 2011

UNA FIESTA SORPRESA


Fue hace tan sólo unos pocos días, el día 9, porque tu yerno cumplía los 50 añitos y ahora está muy de moda el hacer este tipo de cosas que tu y yo no conocimos en nuestro tiempo. Tu hija, como siempre y digna heredera de su madre, trabajó sin parar haciendo de todo para que ese día no desmereciera por dejar las cosas sin prever y, claro, lo pagó de alguna manera con esas alteraciones que produce el nerviosismo. Yo la ayudé en lo que pude, pero ya sabes que es muy terca y no da su brazo a torcer fácilmente y por eso, cuando yo estaba a punto de quemarme con el chocolate le pedí una cuchara de madera y como tardaba le di un grito. Ni te puedes imaginar la reacción de tu nieta. Apareció en la cocina y apoyándose en el quicio de la puerta no paraba de gritarme:

- Malo, malo, malo...

Tiene buena defensora, aunque luego su madre le debió de decir algo y volvió a la cocina y entonces golpeaba el marco de la puerta con la mano y repetía sin cesar:

- Mala, mala, mala...

No sabe nada esta pequeñaja. Al final todo salió muy bien a pesar de que había como una treintena de invitados. Colaboré con ella todo lo que pude en la ornamentación del salón y menos en el cathering, pues ya sabes que no quiere admitir ayuda de nadie. No estuve en la fiesta porque ya paso con mucho de los 50 y estar hasta altas horas aguantando tanto trajín no es mi estilo precisamente, así que me retiré a mi campamento de verano y volví al día siguiente muy tarde post meridiem para comer con ellos. La sorpresa fue el cuadro de la niña con su papito en el que sí tomé parte, pues la ayudé a escoger el modelo y a elegir el pintor entre unos diez con los que contactamos teniendo en cuenta estilos, tamaños, precios y plazos de entrega. La fiesta fue en julio y ya estábamos trabajando en todo ello desde abril cuando yo pasaba unos días en Mallorca.

La niña, según me contó su madre, estuvo genial de buena y obediente y muy orgullosa de su papito, al que le iban llegando los regalos de los invitados, y en ningún momento hizo intención de apropiarse de algo o de intentar apoderarse de lo que veía. Lo cierto es que también a ella le llegaron obsequios de los visitantes. Me quiere mucho y disfruto de ella todo lo que puedo, voy a buscarla a la Bade, juego en casa con ella y hasta me tiro al suelo a pesar de las protestas de tu hija, porque luego me cuesta algo levantarme. Cuando me marcho, todos los días sale a despedirme al ascensor y cada tarde, cuando me levanto para irme, me dice:

- ¿Te vas ya? Hoy no te machas.

Es para mi un cielo en esta tierra y lo único que me interesa es que algún día se acuerde de mi si es ello posible, porque es tan pequeña todavía... El cuadro que hoy acompaña a este escrito es el del regalo y es del pintor Miguel Enjuto. ¡Ah!, que no se me olvide. En setiembre u octubre saldrá mi próximo libro con tres cuentos dedicados a mi nietecilla y llevará por título ANGORA, que así se titula también el primer cuento. Te seguiré contando cosas de ese terremoto como siempre a medida que vayan surgiendo. Si hubieras estado aquí ¡qué diferente habría sido todo! Mil besos.

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