jueves 3 de noviembre de 2011

UN HALLOWEEN ACCIDENTADO



Estamos de nuevo en esas fechas que tu sabes y que no se olvidan fácilmente. De todas las maneras sabes de siempre que el invierno y el otoño jamás fueron unas estaciones que gozaran de mi especial predilección, y hasta entiendo a los osos que se duermen esas largas invernadas y no se complican la vida con lluvias, fríos y nieves. Las luces primaverales son una bendición para los sentidos y me gozo mucho más en la vida admirando su colorido, y hay cosas menos gustosas que hasta me parecen más tolerables cuando pasan a mi lado.

Tu nieta tuvo un nuevo halloween que cada día está más de moda, hasta el punto de que la juventud lo celebra como si de una tradición nacional se tratara. Escogió su disfraz de buja de las de siempre y estuvo muy graciosa con su sombrero puntiagudo negro y cuajado de estrellas doradas, su vestido negro de mangas muy anchas, recortadas en punta y caídas, con su calabaza y su escoba voladora. Pero no era una buja de pelo oscuro, sino rubia y muy graciosa. Todo esto a punto estuvo de estropearse, pues ocho días antes volvió visitarla la molesta y tediosa gastroenteritis vírica con alta fiebre que dejó a tu nieta hecha una lástima. Como se suele decir le quedó la carita como la visión de la jota. Un día o dos antes del halloween vino una bonanza que le permitió ir ese día a la fiesta, pero está llorona, impertinente y solo quiere los brazos de su mami. Ayer mismo fue su padre a recogerla al colegio y se retrasó unos minutos, escasos minutos, y la encontró llorando porque otra niña, con esa crueldad que ya señalara Freud en los enanos, le había dicho que tus papás no van a venir a buscarte. La desesperación era tan grande que todavía en casa le duraba en brazos de su mami. Tiene, además, muy desarrollado el sentido del ridículo, y en una reciente ocasión en que hizo una de sus gracias llamando a su madre pillina, rompimos a reír todos a carcajadas y comenzó a llorar con gran sentimiento porque pensaba que estábamos burlándonos de ella. Así que no veas, está mucho más blanda que un flan hecho en casa y al momento rompe en lamentaciones y lloriqueos que no hay consuelo para ella. Va perdiendo esa media lengua graciosa pues ya se acerca a sus tres añitos y no cesa de preguntar de todo y por todo. La última es apostar conmigo que yo vivo en Asturias porque en el verano me ve en la casa de Amadeo, aunque por fin ya admite que vivo también en Madrid. Pero ella es la que me sostiene en todo momento y se pelea conmigo y me dice muchas veces tu no, pero cuando me levanto para irme vuelve a lo de hace tiempo y que ya había olvidado, y es decirme no maches, tu te quedas aquí. Tengo que irme a escondidas para que no llore y no monte el numerito del lagrimeo, y aún así muchas veces no se consigue, pues cuando nota mi ausencia pregunta y la arma buena.

De mi puedo decirte poco más de lo que ya te he comentado con el invierno, el horario y demás, y volveré a resucitar cuando los días se alarguen algo hacia finales de enero y ya en febrero tendré otra cara más alegre que esta de ahora. Acabo de publicar un nuevo libro, es de cuentos y, claro, está dedicado a mi Alicita, bueno, que el otro día la llamé Alicita y rápidamente me contestó que ella se llamaba Alicia. Sufro sus desplantes de niña mimosita, pero la quiero tanto... no creí que pudiera quererla de esa manera y todavía quisiera quererla más, pero no sé cómo. Se acerca esa fecha que me dejó tan vacío, aunque sería injusto si no reconociera ese cariño que me rodea y que me alivia de especial manera en todo momento. Te recuerdo siempre y nunca dejaré de hacerlo y el aire debería de estar lleno del amor que tu me diste y cada día te devuelvo.

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