Y ya estamos en otro año esperando cosas, no sabemos qué, pero obligados a esperar lo que pueda llegar. Esto es algo así como un juego de azar, que las más de las veces nos convierte en fatalistas al colgar a nuestras espaldas lo que pueda ser y lamentarnos luego por lo que pudo haber sido. Al menos ese diciembre, que tan poco me gusta, se ha ido ya y comienza a vislumbrarse la esperanza, en especial la de esa luz diurna que tanto deseo. Recuerda que un día escribí unos versos, expresión cierta de ese sentimiento que me produce la noche larga del invierno. ¿Los recuerdas? Claro que sí, pero voy a recoger alguno de aquellos pensamientos de entonces porque siguen siendo los mismos.
No quiero la noche porque me envenena
la luz, el deseo, todos los colores,
y me llena el alma de amargura y pena.
Ya dije adiós a diciembre y ese día de Reyes mágico cumplió su mítico objetivo y repartió, como siempre, felicidad a muchos y tu nieta entró, cómo no, en ese reparto de la ilusión siempre trabajada. ¿La viste? Fueron gloriosos sus comentarios que no es posible valorar en lo que valen, pues nos esforzamos inútilmente en encontrar una exégesis adecuada, ya que sólo ella sabe a qué se refiere cuando se expresa. El día antes de Reyes, sin que nadie le preguntara nada, va y se manifiesta urbi et orbi con total aplomo.
- Se acabó la Navidad y ahora vienen los Reyes y el año que viene vienen los personajes.
Nos quedamos todos pensativos y resultó de todo punto imposible interpretar el contenido de semejante mensaje. Resulta aventurado y atrevido interpretar que se refiere a los personajes de la Navidad y es mejor dejarlo así como ella ha dicho la frase. Día a día habla más claro y con un aplomo que parece que ya ha estudiado la gramática española. Eso sí, sigue igual de inquieta, el torbellino no amaina por ahora, pero se goza de ella como es y ello para mi es un gran premio. Mira, pasé cuatro días con ella durante estas fiestas y fue lo único que convirtió en amable esta estancia de ese diciembre tan poco ilusionante. Sus Reyes fueron generosos por demás, como que va a haber que poner alguna medida para evitar pasarse demasiado, y ya no es tanto por los de casa como por la gente que la quiere y que siempre tiene que venir a visitarla trayéndole un presente como si se tratara de una reina. Ella lo es de corazones y encandila a quien la conoce por simpatía, por su sonrisa eterna y porque despierta cariño en todos los que la conocen. En el colegio tiene una pandilla de niños y niñas que la ayudan a desabrochar el abrigo o a ponérselo y que están pendientes de ella. Lo que no sé si es por ser la más pequeña o por ella misma que se los ha ganado. Hasta el punto que tuvo que intervenir la profesora y llamarles la atención.
- ¡Dejad en paz a Alicia! No es ninguna inútil y ella sola sabe vestirse y abrocharse los botones del abrigo.
De todas formas no tengo muy claro si no se estará convirtiendo en una manma con familia propia ya. Me maravillan sus reacciones tan espontáneas. Te cuento. Estábamos reunidos la noche de la cabalgata de Reyes que por primera vez presenció este año y tu hija me dijo que me quedara allí a dormir para ver su reacción ante los juguetes que se iba a encontrar por la mañana. Su madre le dijo:
- Alicia, esta noche duermes con papá y mamá en la cama grande y Abu duerme en tu camita.
Me miró y no dijo nada, pero quedó como un poco extrañada, y entonces le dije yo:
- A mi me da igual, si quieres voy a dormir a mi casita y vengo mañana temprano.
Sin inmutarse lo más mínimo, sin una sonrisa y sin pensarlo exclamó muy seria:
- ¡Qué gracioso es Abu!
A día de hoy ni yo, ni su padre y su madre, sabemos si me tomó el pelo o lo dijo más bien porque así lo creía. Personalmente me inclino por lo primero. Antes tenía por costumbre, cuando trataba de ponerse los zapatos ella sola o alguna otra prenda y no acertaba, reclamar ¡ayuda!. Ahora ya no, ha cambiado los términos. El otro día abrió el ojo de buey de la lavadora, apoyó el pie izquierdo y se asió a la meseta de la cocina, y como no tenía suficiente impulso para poner el otro pie, se dirigió a la madre que no la veía y estaba en la cocina y la increpó:
- ¡Échame una mano!
Te puedes imaginar el susto y la respuesta de tu hija ante tamaño atrevimiento:
- Sí, una mano te voy a echar, pero va a ser al cuello. ¡Bájate ahora mismo de ahí!
Nunca tu nieta usó demasiado los chupos y cuando se dormía los escupía limpiamente. Su madre ha conseguido que le diera uno a Papá Noel y los demás, con diversos pretextos, los va entregando, pero el otro día le dijo:
- Un chupetín para Papá Noel, oto para Los Reyes.
Pero faltaba el tercero y su madre le dijo:
- El otro se lo das al señor de la tienda de juguetes y te regala un juguete, ¿vale?
La contestación es también para enmarcar:
- Sí, pero luego salimos y compamos oto, ¿vale?
Como ves, después de todo, a pesar de lo feo que me resulta diciembre, yo lo he pasado tan bien con tu nieta que el gozo me reventaría por las cinchas del caballo si tuviera caballo como Don Quijote. ¡Ayúdanos un poco desde ahí!, que no veas lo que lo necesitamos. Como me dice ella, sí, la pequeñina, te quiero mucho, mucho, mucho... De paso una petición, ¿qué te han traído los Reyes? ¿Nos lo cuentas? Besos.
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