jueves 12 de noviembre de 2009

ALICIA Y SU MADRE

Verás, no te voy a descubrir a tu hija a estas alturas, pero tu desde ahí lo ves y te tienes que reír con las peleas que mantienen. Le recuerdo a tu hija que tardaba en comer hasta tres y cuatro horas, cosa que no hace tu nieta, aunque también conviene aclarar que tu hija no tenía el pronto de tu nietecita, que tiene un genio... Ahí es donde está la gracia, porque tu hija se enfada y se pone muy seria con ella, pero como diga que no come más parece que pone un candado en la boca y la cuchara no encuentra hueco para descargar la mercancía.

Hoy pasó una cosa muy curiosa. Cuando llegué me encontré a la madre muy enfadada y a tu nieta muy seria mirando para ella y extendiendo el brazo señalando con el dedito que iba a cumplir un año. Cuando le pregunté a tu hija qué pasaba me contestó muy enfadada que tu nieta, de un manotazo, le había tirado el plato cayendo toda la comida sobre la alfombra y el sofá y allí estaba afanada limpiando el desastre y repetidamente voceaba, mientras miraba a tu nieta, estoy muy enfadada, sí, Alicia, muy enfadada y me da igual que me busques con tus carantoñas. Bueno, me tuve que marchar de allí para ir a reírme al pasillo para que el diablillo no me viera, y mientras tanto oía a tu hija despotricar contra el abuelo que encima celebraba las cosas de su nieta. ¡Qué le voy a hacer! Es tan graciosa... Fíjate que el otro día, con un mechero, le enseñé a soplar y ahora se pasa el día soplando y hasta un día, después de soplar, extendió el dedito indicando que cumplía un año. Es la mar de divertida.

Sabes que no me gusta la noche ni la oscuridad, aquello que dicen que decía Goethe cuando agonizaba: ¡Luz, más luz! Por eso cuando anochece me entra cierta congoja y no me siento capaz de soportar esa angustia. Fui de compras, aunque no compré nada, y luego paseé un poco pensando en mis cosas con cierto desánimo hasta llegar a casa. Ocúpate algo de mi, sólo tu puedes hacerlo como sabes, aunque tu hija es muy buena, pero tu nieta no le deja tiempo para respirar un poquito. Ahí te mando unos versos que acabo de escribir con el título QUE ALGUIEN ME DÉ UNA ROSA.

Que alguien me dé una rosa,
sólo eso,
y mejor con espinas que me pinchen
a ver si me despierto
y escucho esos tambores, que no oigo,
tan roncos y tan fieros.
En los ojos me bailan lucecitas,
luceros
que restallan de noche de la hoguera
porque se muere el fuego.
¿Vivir la vida?
Vivir vida de muerto
y vestir ese ultraje de mentiras
atado al sentimiento,
mordiéndome con furia las entrañas
y siempre, siempre quieto.
Volutas en la mente enardecida
y que se lleva el viento,
y te deja apagado y sin sentido
de lo malo y lo bueno.
¿Vivir así la vida?
¿Mejor muerto?
Que alguien me dé una rosa,
sólo eso.
Si alguno me la dio
ya no me acuerdo.

Bueno, cariño, te recuerdo, fue ahora, estos días, cuando todo aquello que tu ya sabes y yo todavía siento porque no puedo olvidarlo. Me voy otra vez al balneario de Liérganes unos días, pero no te olvido, te llevo conmigo y así será siempre. Te quiero. Un beso.


jueves 5 de noviembre de 2009

SOÑANDO DESPIERTO

Lo cierto es que hace tiempo te prometí un cuento, bueno, ¿cuento?, yo qué sé. Déjalo en el baile de la fantasía soñando despierto, algo que a mi me ocurre con alguna frecuencia y, sobremanera, ahora que contemplo día a día el devenir de esa nieta que ha llegado del país de las maravillas a otro que tiene poco de maravilloso en estos momentos. Pues todo empezó porque un día avancé tanto mis deseos al verla tan feliz, porque de verdad que es muy feliz, y me puse a hablar dentro de mí con su abuelo, claro, que soy yo y se me ocurrieron unas cosas… Verás lo que te cuento. Yo era un viejo marino, solo como bergantín abandonado en la playa de la vida porque tu te habías ido ya de mi lado, pero mejor que te lo cuente como lo pensaba yo, eso, soñando despierto como a menudo me solías decir, y sin más empiezo.

Edu el gaviero era enjuto y lacio de carnes, un viejo paquebote varado en la arena, sin broma que le atara y le atorara, con chorretones de orín lamiendo el maltrecho casco y nido de múltiples arácnidos que le amargaban el reposo ansiado. Tenía el cabello blanco y todavía rebelde, los ojos glaucos, tan transparentes como una aguamarina purísima y se movía igual que su paquebote, de babor a estribor cuando caminaba, se paraba un instante y otra vez proa al frente para una nueva singladura. No era ya Edu el gaviero oteando miles de horizontes, ni el capitán audaz, atrevido y desafiante. Ahora solamente era el abuelo que miraba sin ver con aquellos ojos glaucos tan claros que se le habían quedado así de tanto contemplar la mar y otear los océanos.


Era todo tempestades brumosas entretejidas en miles de ideas alborotadas y abandonadas en un oscuro rincón de la zahurda de su memoria, ya casi oxidada de poco usarla. No era ya tiempo de ideas, ni posible regreso alguno, porque el tiempo de proa afilada rasgando blancas espumas de velos de novia ansiosa mirando al mar, se había esfumado. Las voces del gaviero anunciando caminos de tierra sobre el agua de la mar se habían acallado y no retumbaban sobre los acantilados desdibujados por las muchas nieblas de su vida. Sólo le quedaban un puñado de sueños, un manojo de deseos enrevesados e imposibles de ordenar, el placer de haber hecho siempre lo que más le gustaba, y su grado de capitán tras tantos años subido a la gavia y oteando desde la plataforma todos los mares. A pesar de sus galones de capitán, seguía siendo para todos Edu el gaviero, y él sonreía y callaba y guardaba celosamente todos los secretos de su corazón, pero, eso sí, lucía como nadie su gorra de marino distinguido.


El último barco que mandó se llamó Buena Esperanza, como un postrer intento de encontrar un rumbo que le llevara a ese algo que toda su vida anduvo buscando. Era un gran armatoste de casco de acero que brillaba como el charol, con un doble puente en color ocre claro y doble mástil que extendía una antena de radio que le llevaba de un confín a otro casi tan rápido como el pensamiento. Nunca decía el mar, la llamaba la mar, aunque lo que de verdad amaba era los Océanos. La mar se le quedaba corta, necesitaba espacios más amplios, enormes, y eso se lo daban los Océanos. La mar se le asemejaba a una novia entretenida, el goce íntimo de un momento, y tenía muchas mares para disfrutar cuando lo deseaba. En cambio el Océano suponía el inmenso placer de sentirse importante, poderoso, teniendo al alcance de sus deseos esa mar que alguna vez necesitaba para su reposo de guerrero invencible.

Estaba todo tan lejos… Aún conservaba como un tesoro su cuaderno de bitácora de pasta dura forrada en verde y con un broche dorado. Aquel cuaderno fue siempre el compañero inseparable en su función de vigía y al acceder a capitán lo había convertido en su cuaderno de rutas. Aún recordaba la rabia con la que el contramaestre le había gritado un día:

- Eres un mal gaviero y en lugar de otear el mar andas escarabajeando no sé qué tonterías en esa libreta verde.

No había contestado nada. Ahora otras rutas del alma y de la vida muy distintas le absorbían más y llamaban a su puerta constantemente. Aquella chiquilla de ojos grandes y luminosos, con el cabello como el oro viejo, le cantaba cada día una música distinta desde que cumpliera los cinco años.

-Abuelo, mira… abuelo, ven… abuelo, dame… abuelo, oye, abuelo… abuelo … abuelo…

Y revivían los recuerdos idos hacía ya muchos años y ahora arracimados en el zaquizamí de la memoria, polvorienta de herrumbrosas idas y venidas. Aquella chiquilla inquieta, torbellino de ansias, hacíale recordar sus años juveniles y turbulentos y el galopar incesante en su mente de la voz bronca y autoritaria del contramaestre gritando cada poco:

- Grumete, sube… grumete dile… grumete, toma… grumete lleva… siempre, siempre grumete… grumete… grumete…

Pero la niña era otra cosa, con aquella sonrisa eterna en la cara y la mirada dulce como la miel. La pregunta de aquel día restalló como un fuerte rugido dentro de su corazón.

- Abuelo, ¿cómo son las sirenas?

- ¿Qué dices, Alicia? Las sirenas no existen.

- Sí que existen, que me lo ha dicho la Yaya y, además, en ese cuaderno verde tienes escrito algo de las sirenas, que me lo ha leído la Yaya.

- Ummmm… bueno, pero no existen y lo que escribí fue porque un día tuve en la mar una alucinación.

- Abuelo, ¿aluci… qué?

- Bueno, algo así como que te parece que ves una cosa, pero luego resulta que no había nada. Te voy a contar cómo fue.

Aquella noche era más oscura que ninguna, muy negra. De repente se asomó la luna y tiñó de plata las aguas de la mar en calma. El barco bordeba la costa y las rocas de los farallones brillaban y resplandecían recogiendo con mimo los rayos de la luna. Fue sólo un momento, pero sobre un promontorio resaltaba una figura alargada, mitad de oro, mitad de plata y terminada en una fina cola de pez. Ordené parar máquinas y echar el ancla, arriamos un bote y con dos marineros pusimos proa al promontorio. Estaba allí insinuante, acariciándose el cabello de oro y emitiendo un dulce canto que cautivaba el corazón. Bogamos con fuerza tratando de acercarnos de prisa, pero fue en vano. El bote daba la sensación de que no se movía ni una yarda al impulso de los remos y del promontorio nos llegaba como una risa juguetona que nos incitaba más. Un rayo de oro del faro del promontorio se mezcló con la luz de la luna y resbaló sobre las rocas deshaciendo el encanto con acompañamiento de la música del agua lamiendo los acantilados. No había nada, no había sirena, era una visión de mi imaginación. Lo que hay escrito en la libreta verde de tu abuelo es nada más que un poema de aquella alucinación. Por eso lo he llamado SIRENA DEL ALMA.

La sirena ha venido
a secar en la playa
los cabellos mojados
y enredados de algas.
La sirena suspira
porque ansía que al alba
arribe el marinero
que prometió besarla
No es un pez la sirena
aunque viva en el agua,
que es un grito de angustia
escapado del alma.
Cuando el mar alborota
sus melenas de nácar,
la sirena en las olas
abandona su casa,
y se sube a una roca
perdida la mirada
y tejiendo collares
de lágrimas saladas,
porque espera a Neptuno
que habló de desposarla.
Con la luna se ha ido
el reflujo del agua,
y en la arena ha quedado
la sirena varada.

- Abuelo, hay palabras de esas que no entiendo muy bien lo que quieren decir.

- Lo sé, Alicia, lo sé, pero ya las entenderás algún día y aprenderás entonces a soñar despierta como soñó tu abuelo. Y te diré una cosa. Sí existen las sirenas, pero son como tu, así de lindas y de graciosas y siempre sonrientes. TU ERES MI SIRENA.

Niña maravilla
¿qué me vas a dar?
- Aire de la mar,
risas de chiquilla.

¿Eres mar serena,
niña de la risa?
- Del mar soy la brisa,
del agua sirena.

Llegas algo tarde
a esta nave sola
que el mar desarbola
y ya el fuego no arde.

¿Quién eres, sirena,
me dices tu nombre?
Yo soy sólo un hombre
que sufre y que pena.

- Tienes blanco el pelo
y mi nombre, Alicia,
tu rostro acaricia
porque eres mi abuelo.

Niña maravilla
me has venido a dar
aire de la mar
que mueva mi quilla.

-¿Entiendes ahora lo de las sirenas? Y tu eres mi sirena del alma.

- Sí, abuelo y te quiero mucho porque tu me quieres más.

Bueno, he cumplido lo que te prometí, ese cuento o lo que sea, pues no lo tengo nada claro, pero sí que está escrito con todo el corazón para esa reina de nieta que tienes y que te querrá mucho más cuando sepa que tu la cuidas desde tu retiro feliz. Yo te sigo queriendo. Besos.


domingo 1 de noviembre de 2009

ALICIA Y EL AVE

No, no, Alicia no viajó en el AVE, ahora te explico. Es rápida y veloz como una centella gateando por la casa con esa gracia que ella tiene en su carita. La estación de Atocha es el salón de la casa con la puerta cerrada y allí ella se arregla a su modo y manera, pero cuando le abren la puerta sale a todo trapo y no hay manera de pararla. Por eso yo le digo que se parece al AVE, que no para en ninguna estación y en las pocas que se detiene son escasos los segundos que lo hace. Eso sí, aquí todos trabajamos en RENFE, pues hay que salir a hacer los convenientes cambios de agujas cerrando las puertas para que no se equivoque de vía y se dirija al estrelladero. Cuando estoy, yo suelo actuar de jefe de estación deteniendo su marcha con palabras y declaraciones de prohibición, la madre o el padre se dedican más a cerrar puertas por lo que pudiera ocurrir. ¡Madre mía!, una galerna del Cantábrico parece playa mansa al lado de este pequeño terremoto. Eso sí, es y será siempre la alegría de la casa que te sorprende cuando menos lo esperas. Aún no habla, dice sonidos cacofónicos para llamar a los animales, pero el otro día, sin más, soltó una palabra sonora y muy audible y pronunció un ¡¡guapa!! que no lo iguala ni la del cantar. Ya sabes que queda muy poco para que cumpla el año y ella te lo recuerda cada poco mostrando su dedito índice aunque no se lo preguntes. Cuídala mucho desde ahí que la estás viendo a todas horas y no quiero que en su atolondramiento se haga daño si descarrila este AVE mío.

Hoy tengo un día fatal, pues he recordado que hace un año empezaste a tomar aquella quimio que te abrasó y aceleró tu despedida. No había más solución y era la esperanza ciega de que aquello te iba a venir de perlas, pero fue un fracaso y ese fracaso me martillea como si hubiera sido mío. Siento una opresión en el pecho... y no quiero llorar, aunque dicen que es bueno, pero lo bueno y lo malo casi me da lo mismo si es para mi. Escribí algo con ese estado de ánimo, pero no quiero que tu sufras por ello, aunque ahí el sufrimiento no existe ya y es todo goce placentero. De todas formas te lo pongo porque siempre te gustaba leer lo que escribía y, si puedes, envíame algún consuelo de los tuyos, que estoy seguro que lo harás.

TODO ROTO

Se me ha roto la luz y la mirada,
un cascabel retumba en mis oídos,
y en las carnes me muerden mil sonidos
desde el anochecer a la alborada.

Estoy de todo loco y de la nada,
me roen los recuerdos los olvidos
y, andrajosos los pies y doloridos,
sueño miedos del alma aniquilada.

Ayer volví de allí, de junto al lago,
esa Estigia famosa de Caronte
de aguas muy turbias, de bogar aciago.

¿No he de encontrar aquella eterna fonte?
Las aguas de la Estigia están podridas
de carnes, huesos y almas corrompidas.

Ayer llevé a comer a tus sobrinos y a tu yerno al sitio ese del que te hablé tantas veces, el del Rastro de Cascorro, ya sabes, es que no quiero hacer publicidad y menos aquí. Creo que te lo he dicho ya, pero es igual, te lo vuelvo a repetir. ¡Te quiero y te recuerdo cada día más!

miércoles 7 de octubre de 2009

ALICIA VA A LA PISCINA

Pues sí, querida, Alicia comenzó a ir a la piscina y no veas con qué éxito y qué ganas le pone a eso del agua. Las monitoras ya están ganadas para su causa, pues como sabe sonreír con tanta gracia no se le resisten. Tiene razón su padre que dice que es una embaucadora, algo así como una bicha que aletargara a los que la miran. Lo del agua ha sido todo un acierto, pues se lo pasa como nadie y luego de noche duerme hasta mejor, aunque sin el agua también lo hace. Si la acuestas a las 9 duerme hasta las 9 de la mañana y si es a otra hora siempre cumple su horario de 12 horas seguidas de sueño. Luego por el día se muere de sueño y llora porque no quiere dormir, digo bien, no quiere y hace todo lo posible por no dormir, pero, claro, no puede resistirlo y entonces llora.

En la piscina disfruta con los ejercicios que le ponen, bueno, siempre con la madre que se moja con ella. No te los sé explicar (los ejercicios) aunque me los ha contado tu hija, pues no he ido todavía a verla, pero pienso hacerlo. Lo que ocurre es que quería hacerle un VÍDEO, pero creo que no me van a dejar rodarlo, porque hay otros niños y con esos líos de pederastia que hay todos los días y por todas partes... pues eso.

Ya te he dicho que su mamá es su pasión y es lo normal, pero el otro día protestó en la piscina ruidosamente porque su madre le dejó un muñeco a otro niño y se enfureció de forma terrible. Creo que fue por eso y tu hija ya ha dicho que no puede ser, que ya toma medidas para ir corrigiendo ese brote de egoísmo, tan natural por otra parte en los niños. A veces la tiene en los brazos y yo me acerco y empiezo a besar a tu hija sin parar. Primero me mira y se ríe, pero yo sigo y entonces va y me aparta con la mano y se abraza a su madre para que yo no la bese más. Tiene muy claro el derecho de propiedad personal y es peor que la SGAE en este capítulo.

Volviendo al baño de la piscina tengo que contarte que allí es también bastante peligrosa. La monitora le preguntó a tu hija si ya gateaba y entonces la pusieron a gatear. Buena la hicieron. Tomó la dirección del agua a toda velocidad y tuvieron que ir corriendo a detenerla, pues iba derechita a zambullirse. Por eso te dije antes que es el peligro número 1 y que hay que tener mucho cuidado con ella. Cuando yo estoy con ella, como no para, le doy margen, pero siempre la tengo agarrada por una patita, porque la veo de cabeza en el suelo. Ya te iré contando, pues en noviembre cumple su primer año y veremos qué pasa. Besos siempre para ti. Te quiero.

LAS ANDANZAS DE ALICIA

Hoy te voy a contar cosas de tu nieta Alicia, aunque tu ya las sabes pues la ves cada día desde ahí. Es que si no te lo cuento a ti no tengo con quien comentarlo. Lo de andanzas, como viene de andar, se refiere a que Alicia ya se tiene de pie, pero arma cada una... A veces se sostiene sobre la planta del pie, pero otras veces se pone de puntillas y parece que va a bailar la suite CASCANUECES, es un caso. Verás, el otro día la pusimos de pie y le hicimos dar unos pasitos. ¡Qué risa! Juntaba los dos pies y caminaba a saltitos como un canguro pequeñito, luego se empinaba sobre las puntas de sus piececitos y entonces era como una bailarina de ballet, pero también dio algunos pasitos de forma tan natural que da la sensación de que va a caminar muy pronto, pues se tiene muy bien de pie aunque agarrada a algún sitio.

Eso sí, se levanta y trepa agarrándose a lo que encuentra a mano y se sostiene, luego se deja caer de nuevo y vuelta a empezar. Ya le he dicho a tu hija que esta Alicia es un peligro público número 1, pero ya lo tiene asumido y ha empezado la operación puertas, cajones, armarios y rejas de ventana, y no sé pero habrá que pensar en un seguro a todo riesgo si lo hay para estos casos. Cuando gatea siempre se dirige al sitio menos conveniente y ya he puesto tapones especiales en los enchufes de la corriente eléctrica porque son centros de su especial interés, así como los aparatos electrónicos de toda índole, les presta más atención que a todos sus juguetes.

Aprende de prisa. Tu hija ya le ha enseñado a decir con el índice de la mano derecha que va a cumplir un añito, pero te manda a paseo muy elegantemente. Si le preguntas los años que va a cumplir te los señala con el índice estirado, pero si le vuelves a repetir la pregunta te mira y se hace la desentendida y ya no te vuelve a contestar hasta que ha pasado un buen rato. Yo creo que piensa: es tonto, se lo he dicho y no se ha enterado. Sigue igual de guerrera. Si dice que no quiere comer más aprieta los labios y no hay quien le haga abrirlos para meterle la cuchara en la boca. El otro día tu hija le quitó el chupete de la boca para seguir dándole la comida y con una rapidez asombrosa lo agarró y se lo introdujo en la boca, dio media vuelta y se puso a ver la TV como si la cosa no fuera con ella.

¿Por qué no vuelves? No sé si desde ahí te das cuenta de lo mucho que te necesitamos aquí. Además te divertirías muchísimo, porque es la mar de simpática y muy cariñosa, aunque eso sí, tiene a veces un genio... Yo no puedo pasar ni un día sin ir a verla, pero luego vuelvo a casa derrotado porque me rinde. No para, sube, baja, se da vuelta, se ríe, grita, me tira de los labios, me araña (sin querer), me agarra de la nariz, pero lo paso de miedo, es una gozada. El otro día fui a El Corte Inglés a por unas cosas y subí de paso a la planta de bebés y le compré unos muñecos de esos de poner en las manos y hacer marionetas. Cuando llegué a casa con el regalo y le di el paquete abrió los ojos puso la boca alargada hacia adelante en forma de O y soltó un ooooooooooh de admiración y satisfacción. Siempre lo hace cuando le llevas algo para ella. Anímate y vuelve aunque sea sólo unos días y luego te vas otra vez para esa. Besos. Te quiero y tu nieta Alicia y tu hija también te mandan besos. Tu yerno ha ido a Guatemala a hacer un informe semanal y viene el domingo. Te quiero otra vez y siempre.

viernes 25 de septiembre de 2009

LAS VACACIONES DE ALICIA

Menudas vacaciones con sólo 8 meses. Estuvo en Galicia y allí hizo las delicias de cuantos la rodearon, ya sabes, Columba, Moncho, Belén y un muy largo etcétera. Parece que el agua de San Genjo no le hizo demasiada gracia porque la encontraba muy fría. ¿Te acuerdas que en Estoril nos pasó lo mismo a nosotros y a tu hija? Yo no fui, me quedé en Ponferrada en compañía de aquella gente buena y Mani me llevó a conocer Las Médulas, algo que ya te había prometido a tí para este año. Bueno, yo fui en tu nombre. Alicia siguió con sus vacaciones y fue a Oviedo por primera vez y allí estaba yo esperándola. ¡Qué alegría llevé cunado la vi con esa su sonrisa eterna en el rostro menudo y lindo! Más de lo mismo por Oviedo, Sariego, Bayo y así fueron pasando los días y su madre comprándole cosas para no perder la costumbre. Si tu hubieras estado las compras las habrías hecho tu para esta nietina que tienes aquí y que yo creo que te conoce algo porque no paro de hablarle de su abuela, esa que se quedó en Oviedo para siempre. Fui a visitarte allá arriba, pero fui solo, no quería que la niña viera tanta tristeza, tiempo tendrá de ello. Tus cuñados Ramón y Ángeles con Noe, Begoña y Yaiza furon a Oviedo a conocerla y se divirtieron de lo lindo con sus gracias y su viveza, y también la vieron Purina, María y Jorge, y es que a todos les cae bien y celebran sus acciones y ocurrencias.
De Oviedo dieron el salto a Madrid y estuvieron unos días, muy pocos, para volver otra vez a la carretera camino de Málaga y allí gozó de la playa a sus anchas, porque el agua está más caliente y eso sí le gustó. ¿Sabes qué hizo? Le pusieron una cuna muy bajita y entonces se salió de la cuna y trepó a la cama de sus padres; es toda una alpinista. Lo que ocurrió fue que su madre se pasó unos días con la mano sobre ella mientras dormía para que no lo intentara por el otro lado y se cayera al suelo. Luego se solucionó, pues le trajeron una cuna de paredes más altas y al Naranjo de Bulnes aún no se atreve a trepar. Es que hay que tener un cuidado con ella... Es un verdadero peligro público, pero es tan linda y tan simpática... Creo que conseguiré con el tiempo que te quiera como si estuvieras aquí, pero aún es muy pequeña. Ya mide 71 cm. y pesa 8 kilos y 300 grs. Yo te cuento todo esto aunque sé que ya lo conoces y que fuiste tu la que la cuidó cuando trepó a la cama de sus padres. Te iré contando más cosas de ella pues cada día está más espabilada. Te quiero. Besos
.

domingo 13 de septiembre de 2009

PERO HAY OTRAS ESPERANZAS

Ya has visto cómo me han ido las cosas, pero otras me curan de todos los males por muy grandes que sean. Alicia es esa panacea, y es que tu nieta tiene cada cosa... Ya tu lo ves desde ahí. Ahora ha encontrado un sonido nuevo que le hace mucha gracia y, así, ella está tan graciosa... que no veas. ¡Qué te voy a decir! Ha descubierto el perro y dice cada poco guau guau, y hasta en ocasiones lo matiza más: un guau. También imita al cerdito con un extraño gruñido de su cosecha. La tía Isabel (ya sabes que tu nieta tiene muchas tías, unas de verdad y otras de honor) le ha enseñado a chocar las cinco, y así ella levanta la mano abierta para que vayas a estrellar la tuya, y entonces ríe con toda la gana del mundo. Ha crecido mucho y sigue igual de inquieta y juguetona. Algunas veces te llama la atención cuando ve que no te fijas en ella y pone la boca como una O pequeñita, abre mucho los ojos y emite un sonido entrecortado: oh,oh,oh. Después echa un discurso largo y lo interrumpe de repente y se queda mirándote fijamente a ver si la has entendido, algo imposible claro, porque aún no nos ha llegado el traductor que tenemos solicitado a la UNESCO. Cariño, te digo que no puedo tener mayor alegría. El otro día me la llevaron a la clínica esa de tan mal recuerdo y fue una alegría tan grande que casi sané; y otro día me dijeron que estaba en la puerta de la calle y baje en pijama, bata y zapatillas a verla y abrazarla. Lo primero que hizo fue abalanzarse a quitarme las gafas como siempre. Fíjate qué seriedad de clínica que ni me llamaron la atención. Pero vi a tu nietecita haciendo monerías que vale más que el mundo entero.
Bueno, no me he olvidado de que te debo ese cuento que he soñado despierto; lo tendrás pronto. Lo mío del hospital ¿no será una señal que me has enviado tu? Necesitaba un poco más de tiempo, así que haz alguna gestión para que no se precipiten, pues quiero terminar algunas cosillas. Te quiero mucho y te echo de menos, sobre todo en esos instantes que resultan en ocasiones aciagos. Besos. Tengo más cosas que contarte pero ya lo haré en otra ocasión; es que la estadía de la concepción me ha dejado mal sabor de boca. Vale.